JOSÉ VILLALOBOS
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Cuadernos de viaje
Es curioso, en los últimos años estuve yendo cada vez menos a Puebla (después de un par de décadas de ir casi cada semana), iba y volvía. Siempre que volvía de Puebla a Oaxaca, ya en la noche, en uno de los cuadernos empezaba a dibujar algo que me había impactado o provocado este viaje.
Viajé en las mañanas muy temprano, me agarró la noche en el camino, en los días de diciembre con esa luz tan particular, en los días de lluvia, en los días con mucho sol. Entonces empecé a tener muchos cuadernos con estos apuntes que no tenían ninguna intención de registrar nada, solamente la emoción.
Entonces me ponía un poco de pintura en la mano y y así, como si hiciera un gesto en papel, dibujaba trazos muy rápidos, muy espontáneos.
Un amigo me preguntó una vez que por qué no hacíamos un libro con los cuadernos, entonces armamos "Papeles de viento", y bueno, pues sí, puedo ojearlo y puedo ver que hay cosas ahí que me recuerdan todos estos viajes en todas las épocas del año. Es increíble, recorrí el camino tantas veces que un amigo me decía: "no, es que tu enfilas la Cherokee y la camioneta se va solita a Puebla".
El maestro y su taller
Siempre me han gustado los formatos grandes en pintura y siempre soñé con tener un taller donde pudiera trabajarlos. Estoy hablando de 180 x 250 cm o 2 x 3 m. O cosas así. Incluso de aquí saqué una pieza que tenía casi 6 m de largo.
Curiosamente, durante el periodo de la pandemia –mientras estuvimos encerrados aquí– hice una serie de formatos pequeñitos que eran como de 40 x 50 cm, eran unas cositas así, pequeñas.
Pues Paty, mi esposa –tu madre– y yo, nos metimos en este rollo de vivir una cotidianidad aquí en casa sin salir durante el tiempo de la pandemia y descubrimos que, yo al menos, descubrí que –porque ella estaba metida en sus cosas– descubrí que mi cotidianidad se había transformado y había cambiado la mirada a una mirada de cercanía.
Entonces empecé a ver el comportamiento de los perros, a ver cómo –en un momento– habían nacido camadas de pájaros y por ahí estaban; luego escuchaba reportes de que iba a llover y esperaba la lluvia y había truenos y cosas pero no llovía.
La mirada cercana, el reflejo de la luz cambiando durante el día, la sombra, los tiempos entre que comíamos, cuando limpiábamos un poco la casa, el taller, las cosas. Muchas de estas pinturas tienen nombres de esa cotidianidad. Como por ejemplo, a una le puse Feliz domingo, a otra le puse Lunes por la tarde, a otra más Homenaje al jueves, un día cualquiera, pude haberle puesto "homenaje al miércoles" o cualquier otra cosa; creo que, visto así, a tras tiempo, puedo ver y descubrir un poco de las situaciones que estuvimos viviendo en este periodo.
Hace poco me hicieron una entrevista para preguntarme qué había pasado conmigo durante la pandemia, de qué manera me había afectado, qué cosas había visto o qué cambios había generado. Y comencé a comentar justamente estas cosas, de cómo esta cotidianidad te va definiendo y entonces lo que tú haces entra en en relación con esa cotidianidad. Es interesante.
Lo primero que construí de esta casa fue el taller y, prácticamente, vivía aquí en el taller. En realidad, incluso ahora, puedo ver que prácticamente vivo en este taller. Cuando está Paty en casa, entonces voy a visitarla por allá, vemos un poco de tele. Pero soy como los perros, cuando no estamos, los perros van y hacen otra vida en otro lado, y volvemos y estan aquí.
Y algo así me pasa, cuando estoy solo dejo de ver esa cotidianidad familiar, se ve transformada, dejo de ver tele, dejo de incluso de comer; voy, hago un café, vengo por acá, me canso, me siento y leo un poco, en fin, cualquier cosa.
Entonces, lo primero que pensé fue en hacer el taller, y luego me enfrenté a que una construcción de estas dimensiones necesitaría un constructor profesional, por el alto del techo y las vigas y todo esto. Sin embargo, decidí hacerlo con los albañiles de aquí del pueblo y es curioso porque algunos de ellos todavía recuerdan que trabajaron aquí y les gusta pensar que ellos hicieron la casa.
Entonces, todo esto es mano de obra de albañil de aquí del pueblo y el taller más o menos funciona, necesito hacer algunas adaptaciones, pero en general resuelve muchas de las cosas que hago, sobre todo esos trabajos en gran formato.
Sí, me gusta mi taller, tengo almacenadas aquí porquerías que acumulo: libros, libros viejos, papeles, cacharros, materiales –un monton de materiales– rollos de tela, bastidores, en fin. Y bueno sí, sí disfruto del trabajo cotidiano en mi taller.
El Arronte
El reto era que había restos de la restauración del edificio Arronte, de la Universidad Autónoma de Puebla. Los remanentes eran de un elevador antiguo de 1800, fines del siglo XIX, y no sabían qué hacer con ellos. Había piezas de bronce que eran muy bonitas y no sabían si deberían tirarlas o venderlas como fierro viejo. Fue así que les propuse hacer una escultura con todo eso y aceptaron.
Entonces, ya que se trata de un edificio colonial que tiene una estructura muy precisa, con un patio también con una geometría muy definida. Se trata de un rectángulo muy fuerte con un acceso que permite una vista hasta el fondo.
En principio, se me antojó que quien entre pueda encontrarse ahí con una forma muy sobria, muy definida y lo primero que se me ocurrió fue un cilindro. Algo alto que esté sembrado ahí en el patio y que rompa de manera absoluta con el contexto, formado por una serie de muros coloniales. Esa fue la primera idea.
Luego pensé que esta forma cilíndrica debería estar abierta y en su interior estarían todas esas piezas, esto provocaría que el espectador casi casi meta la cabeza en el cilindro para ver qué hay ahí.
La intención era tener un elemento no en el centro del rectángulo del patio, sino fuera del eje visual. Se trata de una cosa esbelta y espigada que sigue las líneas del edificio, que tiene tres niveles. Es un tubo como de 1.20 m de diámetro, hecho con una placa de metal que está cortada y abierta como si fuera una especie de fruta que te revela parte de su interior.
Y parte del interior son todos estos mecanismos que tenía el elevador. Más que un orden, seguí un poco la idea de qué podría resultar más atractivo en la medida que te vas acercando. Porque en algún momento se ve como una máquina, provoca curiosidad y te acercas porque ves un mecanismo, una especie de engranaje, y vas descubriendo que es una escultura. Y pues eso es.
Y bueno, me parecen interesantes estas ideas: que se trate de un objeto muy contemporáneo en un contexto histórico. Me parece, además, una barbaridad esta idea de que, cuando se trata de objetos o edificios históricos, los elementos nuevos tengan que ser remedos históricos para que se lleven bien. Realmente lo contemporáneo y lo histórico pueden convivir o dialogar de manera adecuada. Creo que esa es la idea, al menos esa fue la idea.


